Archive for the 'El trabajo, los dineros y la cultura' Category

REU08

La producción estética contemporánea se encuentra integrada en la producción de un circuito de mercancías. Las prácticas artísticas generadas en el Estado español a finales del siglo XX y principios del XXI, así como las políticas culturales impulsadas por las instituciones, deberían analizarse teniendo en cuenta las transformaciones producidas en la relación entre economía y cultura y el nuevo rol asignado a las llamadas industrias creativas.

Así comienza el texto de introducción al “seminario, taller y reunión de investigación¿Quién está detrás de la cultura? Una aproximación crítica a las políticas culturales contemporáneas organizado por la Universidad Nómada, UNIA arte y pensamiento y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. El seminario-taller-reunión forma parte de REU08. Un trabajo en proceso entre prácticas artísticas-políticas-poéticas, hacia la experiencia de lo común,una iniciativa que surge del programa UNIA Arte y Pensamiento con el objeto “de convocar a una serie de agentes heterogéneos provenientes de distintas prácticas artísticas, políticas y de producción cultural que operan principalmente en el territorio sur del Estado español”.
Los efectos de las transformaciones de la cultura en relación a la economía son bien patentes en Andalucía, donde la administración pública parece haber apostado por el conocimiento y la creatividad como piedra de toque de las políticas económicas. Es en ese marco en el que cabe situar “la celebración de bienales, la creación de nuevos centros de arte, espacios, programas, organización de congresos y encuentros sobre industrias culturales o algunas de las recientes reestructuraciones administrativas“, iniciativas que, “presentadas como apoyo e impulso a la innovación artística, esconden la aplicación de recetas de mercantilización y fetichismo al ámbito de la producción cultural: estímulo de la forma-empresa y la inversión privada, el fortalecimiento de la figura del emprendedor cultural, la externalización de funciones de lo público y la extracción de rentas inmobiliarias a través de planes aplicados a los llamados “distritos creativos”.
El principal interés del proyecto reside, a nuestro entender, en su horizontalidad, es decir, en la reflexión y experimentación desde los propios colectivos que desarrollan su labor en este escenario, aunque desde posicionamientos críticos y dirigidos la experimentación de nuevos modelos culturales, más preocupados por el común que por la producción de capital privativo. Se pretende además que este trabajo colectivo favorezca procesos de cooperación, conocimiento mutuo y creación de redes, un trabajo que iría en la línea de lo que Ricardo Antón de Amasté definía en este artículo como “un lugar en el que reproducirnos” frente a la “generalización de la producción acrítica y espectacularizada” y,  cabría añadir, de las nuevas formas de mercantilización y fetichización de la cultura a las que hacía referencia el texto anteriormente citado.
Entre las acciones realizadas o puestas en marcha dentro del marco general de REU08 se cuenta la Convocatoria de comunicaciones ¿Quién está detrás de la cultura? que se cierra el próximo 12 de abril de 2010 y la publicación homónima REU08 que recoge las primeras fases de encuentro y coinvestigación y que podéis descargar gratuitamente desde el sitio web de UNIA arte y pensamiento (¡ah! y en donde aparecemos en el apartado Afines formado por “Extractos de textos, imágenes y enlaces a otros proyectos que han sido discutidos durante el proceso de creación de REU08, que constituyen sus afectos y lo sostienen conceptualmente“, cosa que, dicho sea con candidez, nos hace ilusión :D )

Algunos desacuerdos sobre las relaciones que se dan entre economía y educación

Un grupo de investigador+s del EIPCP (Instituto Europeo para Políticas Culturales Progresivas) formado por toda esta gente, ha puesto en marcha el proyecto Crear Mundos. Como puede leerse en la página del susodicho proyecto, el título proviene de una cita de Maurizio Lazzarato en la que dice: “En las sociedades de control, el objetivo ya no es la “apropiación” —como lo era en las sociedades soberanas—, ni tampoco “combinar e incrementar” el poder, como lo era en las sociedades disciplinarias. El objetivo es ahora “crear mundos”".

El proyecto, que se desarrollará a lo largo de varios años, hasta 2012, tiene como finalidad “explorar la relación entre la producción artística y la producción de conocimiento, en el contexto de las transformaciones y las crisis del capitalismo contemporáneo” y se estructura alrededor de tres áreas temáticas: la crítica del capital cognitivo, la fábrica del conocimiento y sus descontentos y los solapamientos del arte y la producción de conocimiento.

De estos tres puntos nos ha interesado especialmente el segundo, en el que se traza una línea de pensamiento directa entre las actuales transformaciones del sistema productivo y la educación. Concretamente los responsables de Crear Mundos se interrogan sobre qué sucede con la vieja fábrica del conocimiento en un momento en que el conocimiento mismo se convierte en la materia prima del capitalismo, señalando cómo las universidades devienen objetos de deseo de las transformaciones neoliberales, elementos de competición entre regiones y continentes; también sujetos de las luchas contra estas transformaciones y estas nuevas formas de competencia.

Hemos hablado sobre estas cuestiones en este mismo blog y en varias ocasiones y parece que la relación entre los sistemas económicos y educativos resulta cada vez más relevante desde ciertos ámbitos de estudio de las políticas culturales. Justamente por eso no dejan de sorprendernos un par de cuestiones:

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Los usos de la cultura

De un tiempo a esta parte, las relaciones entre la cultura y la economía han centrado el interés de investigadores, tanto del campo cultural como del económico y el político. El recurso a las ‘industrias culturales’ primero, y a las ‘creativas’ en la actualidad, como motor económico local y regional ha entrado de pleno en las agendas de los responsables políticos y de los inversores. En nuestro contexto son bien conocidas las investigaciones de YProducciones al respecto. Sin embargo nos parece que aún no se ha profundizado en el análisis de las repercusiones sociales de las políticas de ‘regeneración urbana’ a través del fomento de estas industrias. Dicho análisis suele ceñirse a cuestiones intrasectoriales (la precarización y flexibilización extremas del trabajo en cultura) o al desplazamiento poblacional asociado a los procesos de ‘gentrificación’ que acompañan a su vez al surgimiento de los ‘distritos creativos’.

Intuimos sin embargo que la implementación de modelos económicos fundamentados en la cultura y la creatividad comporta desigualdades sociales aún más profundas. Recientemente descubríamos el trabajo del grupo de investigación Social Impact of the Arts Project (SIAP) de la School of Social Policy & Practice de la Universidad de Pennsylvania, que ha realizado sus investigaciones en el área metropolitana de Philadelphia centrándose en los vínculos entre “la estructura del sector creativo, las dinámicas de la participación cultural, y la relación de las artes con el bienestar comunitario”. En un documento publicado en 2008, titulado From Creative Economy to Creative Society (pdf) el equipo del SIAP, formado por Mark J. Stern y Susan C. Seifert aboga por una especie de “tercera vía” alternativa a las políticas meramente economicistas de fomento del sector creativo y a las políticas de desarrollo cultural comunitario tout court.

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Motivos

 

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¡Ole, ole y ole! motivación que no falte

Leíamos ayer este post en el blogzine ptqk en el que reflexiona sobre la introducción de la “ética hacker” en el ámbito laboral; como explica ptqk: “En las empresas ahora ya no quieren trabajadores como los de antes, obedientes y grises, de esos que dicen ‘yo trabajo por dinero, mi vida de verdad está fuera de la oficina’. El modelo antagónico a eso es el del hacker: una persona que adora lo que hace, no tiene horarios, es autodidacta e imaginativo y aprecia más la libertad y la independencia que la pasta.” Así que podemos decir que las empresas quieren, efectivamente, “trabajadores con espíritu hacker”. Nos parece muy cierto además, como dice ptqk, que “el modelo del trabajador hacker viene calcadito del sector de la cultura” (al respecto resultan muy interesantes las reflexiones de Andrew Ross que cita en el post).

Casualmente participábamos días atrás en el hilo de entusiastas comentarios que se sucedieron a raíz de otra entrada, esta vez en el blog de Juan Freire, sobre “la motivación como clave del éxito de la educación” y que venía a cuento de la gestión de John Maeda al frente de la Rhode Island School of Design (RISD). Resulta muy sencillo establecer una relación directa entre ese modelo de trabajador con espíritu hacker y el del estudiante motivado, de hecho Alfredo Romeo (fundador y director de la empresa Blobject ) escribía en uno de los comentarios: “Cambia estudiantes por trabajadores y aplica el mismo discurso. De alguna manera, eso es lo que intentamos hacer en Blobject. Que los trabajadores que trabajen con nosotros sean porque realmente ellos quieren hacerlo, no porque no hay otra cosa en el mercado“. Si hay un rasgo que caracterice al “trabajador con espíritu hacker” es la pasión y la motivación en su trabajo, que constituyen el principal acicate para aceptar “largas jornadas de trabajo a cambio de gratificación y que está dispuesto a entregar su tiempo libre y sus pensamientos a cambio de mobilidad y autonomía“.

Nos parece que lo más significativo de todo este asunto es que el modelo, eficazmente probado en el sector cultural durante décadas, está siendo traspasado no ya sólo al sector de las industrias creativas o del trabajo cognitivo, sino al mercado laboral en su conjunto; basta para darse cuenta de ello con asistir a una reunión-arenga de “motivación” para vendedores puerta a puerta de servicios de telefonía móvil.

Lo que uno aprendía en la escuela no eran realmente las matemáticas, la lengua, la historia y esas cosas, sino el hábito de la obediencia, del trabajo individual y en silencio, el cumplimiento de unos horarios y unas tareas asignadas y el respeto de una jerarquía. Estas cosas constituían el habitus y el pathos requeridos a los trabajadores bajo el régimen del capitalismo industrial. De igual modo el capitalismo cognitivo requiere de trabajadores creativos, autónomos y motivados y la escuela posdisciplinaria deberá asumir la tarea de forjar ese hábito en el carácter de sus estudiantes.

Así pues ¿es el estudiante desmotivado una figura contrahegemónica? Claro que no, pero entonces ¿cómo resolver esta paradoja? Nos parece que lo necesario es decir: motivación sí pero ¿para qué? Y no se trataría de establecer un mecanismo vertical que decidiese desde arriba cual es el buen uso de la creatividad, la autonomía y la motivación, sino de crear dispositivos y generar procesos de diálogo y negociación con los propios estudiantes sobre cual debe ser el objeto de dichas capacidades.

 

Ponga un artista en su escuela

A principios de diciembre un grupo de artistas y responsables políticos acordaba en San Francisco (EUA) el lanzamiento de la National Campaign To Hire Artis to Work in Schools o N-CHAWS (web y Facebook), es decir una campaña que promueve la contratación de artistas para que trabajen en escuelas; en sucesivas semanas se ha constituido un grupo de apoyo de amplia base, encabezado por la organización Americans for the Arts, para promover su adopción por parte de la nueva administración Obama y el congreso. La campaña promueve el uso de fondos federales para el fomento del empleo con el fin de contratar artistas en escuelas y centros comunitarios. La idea ha sido presentada al equipo de transición Obama-Biden y a la portavoz Nancy Pelosi para su consideración dentro del paquete de medidas de la nueva administración para el fomento del empleo y el crecimiento económico. La propuesta de la campaña, según el comité directivo, se inspira en los precedentes históricos del programa WPA de Roosvelt y el programa nacional para las artes CETA de los años Ford-Carter. A esta campaña se han sumado otras dos para apoyar la contratación de artistas en empleos públicos, tanto en escuelas como en centros y entidades de carácter local y comunitario.

En un primer momento a cualquiera podría parecerle que esta es una buena iniciativa: genera empleo en un sector especialmente “delicado” como es el cultural y mejora, en principio, la oferta educativa pública. Sin embargo muchas preguntas en diferentes direcciones nos asaltan enseguida: ¿Podrían los artistas jugar un papel crítico y transformativo sobre la cultura escolar una vez oficializado su status dentro del sistema educativo? Siempre nos ha parecido que la escuela debe ser un lugar mucho más permeable y permitir el flujo de conocimientos y personas hacia dentro y hacia fuera, entonces ¿porqué concretamente los artistas y no también otros profesionales o agentes? ¿o porqué no llevar de manera efectiva la escuela al museo o a otros lugares e instituciones (y no sólo como mera consumidora de “ofertas educativas”)? y apuntando en otra dirección más aún ¿cómo afecta a los artistas, como agentes sociales y educativos críticos, el hecho de que la ‘creatividad’ sea considerada hoy un recurso económico de primer orden?

Parece que las políticas culturales en el estado español andan lejos de estas cuestiones. En Catalunya el Programa de barrios y áreas urbanas de atención especial (sic), más conocido como “Ley de barrios” tiene como objetivo “la rehabilitación integral de los barrios que presentan problemáticas específicas para evitar su degradación y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes” (el destacado es nuestro) y contempla además de intervenciones urbanísticas y mejoras asistenciales la implementación de planes de desarrollo cultural comunitario. La aplicación del programa está conduciendo a los ayuntamientos a contratar empresas culturales para la realización de los planes culturales comunitarios. Por otra parte, según nuestra experiencia, el programa Creative Partnerships auspiciado por el Arts Council británico es un referente para muchos técnicos de cultura aquí, sin embargo parece difícil que un programa de estas dimensiones pudiera implementarse desde las administraciones locales. Por último os linkamos aquí este artículo de Arlene Goldbard (una de las impulsoras de la N-CHAWS) en el que hace un repaso histórico de anteriores programas de empleo público de artistas en comunidades locales en los EUA y señala algunos de los retos de la iniciativa aunque muy pocas de las controversias que presenta.