“La producción estética contemporánea se encuentra integrada en la producción de un circuito de mercancías. Las prácticas artísticas generadas en el Estado español a finales del siglo XX y principios del XXI, así como las políticas culturales impulsadas por las instituciones, deberían analizarse teniendo en cuenta las transformaciones producidas en la relación entre economía y cultura y el nuevo rol asignado a las llamadas industrias creativas.“
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“He mezclado ácido clorhídrico con nitrato sulfúrico…“. Foto: Stéphanie Delcroix
A finales del año pasado (como puede verse, seguimos comentando la actualidad al minuto) tuvo lugar en la New York Public Library la “cumbre” Revolutions in Public Practice, organizada por Creative Time. Claire Bishop publicó entonces en Artforum esta polémica crónica del evento ya que levantó un reguero de comentarios, entre los que se contaron los de algunos de los propios participantes en el evento. Revolutions in Public Practice se presentaba como una especie de Pecha kucha maratoniano durante el que un ecléctico y numeroso grupo de “artistas, curadores, críticos, académicos, anarquistas (sic) y activistas” ofrecieron una serie de “concisas presentaciones” sobre su trabajo. El término “public practice” sirvió para amalgamar al abigarrado grupo de conferenciantes que, según el texto de presentación del proyecto, tienen en común un acercamiento a la práctica artística que “no intenta reflejar, sino actuar sobre momentos de cambio histórico, rompiendo las tradicionales barreras entre arte, cultura y política“; en definitiva, la que se supone es la última hornada de lo que Suzanne Lacy -quien también intervino en la cumbre- denominó “arte público de nuevo género”.
Bishop concluye su artículo diciendo que durante la cumbre no se hizo nada para problematizar las “prácticas públicas” como una dirección válida en el arte contemporáneo, y que se asumió como un hecho incuestionable que “el arte como disciplina puede y debe ser reclutado” en la lucha por la “justicia social“. Lo que Bishop echó definitivamente en falta durante la cumbre es una “ponderación de las competencias específicamente artísticas que pueden ser empleadas hacia estos fines” (el subrayado es nuestro).
En febrero de 2006 Bishop publicó (también en Artforum) un texto mucho más extenso sobre esta cuestión. Titulado The social turn: collaboration and its discontents, el artículo (que está disponible de manera gratuita, aunque hay que registrarse en el sitio web de Artforum) venía a decir que los defensores del “arte colaborativo” o “socialmente comprometido” fundamentan su juicio acerca de los proyectos artísticos exclusivamente en la cuestión ética; de este modo, proyectos como los realizados por el colectivo Oda Projesi (por citar el ejemplo utilizado por Bishop) son valorados en tanto que representan un “buen modelo” de colaboración y no por sus cualidades estéticas. Lo que se valora, según Bishop, es la ‘renuncia’ del colectivo Oda Projesi a la maestría y el egocentrismo que caracteriza la práctica de aquellos artistas cuyo trabajo no emerge de un proceso consensual y de colaboración con otros agentes y no las cualidades artísticas de sus proyectos.
El razonamiento de Bishop es aparentemente lógico, sin embargo tan sólo se sostiene si nos movemos dentro de los límites del campo artístico tal y como está establecido. En realidad podemos decir que, intencionadamente o no, los proyectos de arte colaborativo o como quieran llamarse, proponen e intentan poner en práctica modos de producción cultural que no pasan o, mejor dicho, que pasan parcialmente por los modos de producción, distribución y valoración propios del campo artístico (los de museos y galerías, comisarios y críticos de arte, etc.); y en ellos entran en juego otros agentes e instituciones que tampoco son exclusivamente los del arte, y que tienen objetivos y criterios de valoración distintos. Si entendemos que el artista es alguien cuya posición en el campo social le permite acceder a determinados recursos materiales y simbólicos, las diferencias entre los artistas podrían medirse en el modo en que unos y otros ponen a trabajar dichos recursos, engranándolos aquí y desuniéndolos allá de tal o cual ámbito de producción.
El “auto-sacrificio” “autoral” criticado por Bishop no es, o no debería ser, una acción moral, sino política, que persiga una redistribución de las posibilidades de construir y darse representaciones por parte de grupos de acción subalternos. No se trata en absoluto de “democratizar el acceso a la cultura”, ya que esa es una máxima propia de los grupos de acción dominantes y que da por sentado que ‘la cultura’ a la que debe acceder el resto es la suya, aquella que moldea y soporta las ‘estructuras de actitud y referencia’ (por hablar en los términos de Edward Said) que perpetúan el régimen que les ha colocado en la posición hegemónica que detentan.
Volviendo al asunto planteado por Claire Bishop, de existir aquí un dilema moral, sería el del artista que instrumentaliza a cualesquiera grupos o colectivos que se le pongan a tiro con el fin único de darse pátina socialmente comprometida dentro del campo del arte y teniendo tan sólo en mente su medro y su interés como profesional del arte. A decir verdad la cuestión moral tampoco debería importarnos aquí: que el artista se haya comportado como un desalmado utilizando al incauto grupo de inmigrantes africanos con el fin de ser seleccionado para tal o cual festival de arte público es irrelevante si, a efectos prácticos, la situación de dicho colectivo ha mejorado sustancialmente en algún aspecto; al fin y al cabo creer en la buena o mala voluntad de alguien es, en cierto sentido, un acto de fe. Una vez más el problema no es ético, no se trata del grado de pureza de la consciencia del artista, sino político; de nada sirve que tal o cual colectivo pueda beneficiarse de proyectos concretos si los artistas utilizan este hecho para afirmar y reproducir las formas de distinción social que se articulan a través del campo del arte.
En todo caso, Claire Bishop desarrolla su tesis de manera mucho más extensa y documentada, lo que hace bastante recomendable la lectura de sus artículos; si además queréis profundizar en las reacciones que suscitó en su momento no está mal leer la extensa carta abierta que el propio Grant Kester (uno de los más serios adalides teóricos del “arte comunitario” y citado por Bishop en su artículo The social turn: collaboration and its discontents) envió en su momento a Artforum; por otro lado, Randall Szott comenta sagazmente la trifulca dialéctica aquí y sobre todo aquí en su blog LeisureArts. Bishop vuelve sobre el tema en esta entrevista publicada pocos meses después del afamado artículo en el sitio web de la Community Arts Network, en la que relaciona su postura teórica con el hecho de vivir en el Reino Unido, donde las políticas laboristas de inclusión social a través de las artes, constitutyen, en opinión de Bishop, una especie de ‘forma blanda’ de erradicar el disenso.
A finales del año pasado nos llegaba la noticia: la gente de Esta es una Plaza había conseguido la cesión temporal del solar en el número 24 de la calle Doctor Fourquet por parte del Ayuntamiento de Madrid. Desde su inicio, hace ya más de un año, este proyecto de creación de un espacio público autogestionado ha pasado por momentos críticos, especialmente cuando tras su primera inauguración en diciembre de 2008 fue arrasado por las excavadoras -podéis leer la historia completa en su blog-.
Cabría decir que, en cierta manera, la historia de Esta es una Plaza escenifica la relación, antagónica en ocasiones, y simbiótica en otras (parasitaria, dirán algunos), entre las instituciones de la administración pública y aquellos colectivos que entienden la ciudad como un espacio común. Resulta evidente la desconfianza que genera en los representantes políticos la idea de un espacio gestionado, no por la ciudadanía -ese ente abstracto y trascendente- sino por grupos de acción unidos por motivaciones diversas; y sin embargo el caso de Esta es una Plaza, sin dejar de ser inusual, no es único. Se trata de un modelo que ha funcionado en otras ocasiones, al menos temporalmente, como en el caso de Eco-Urban Network / ECObox, una iniciativa del colectivo francés atelier d’architecture autogérée, en el barrio de La Chapelle de París, o de Park Fiction en Hamburgo, por citar dos de los proyectos más conocidos. Sin embargo el modelo está siendo progresivamente regularizado en ciudades como Zaragoza, donde también el año pasado se puso en marcha el programa estonoesunsolar, gestionado por la empresa municipal privada Zaragoza Vivienda, y que propone la recuperación de espacios urbanos en desuso dentro del casco histórico de la ciudad, a través de la participación ciudadana en su gestión, y muy especialmente de las escuelas.
Pensamos que resultará interesante observar cómo se resuelven a lo largo del tiempo las tensiones entre la idea y la práctica de la ciudad como un espacio común y las de la ciudad como un espacio gubernamental; en especial desde el momento en que la negociación y el acuerdo entre los que se sitúan a uno y otro extremo de este espectro ideológico parece posible. Entre otras cosas habrá que ver hasta qué punto la tolerancia o el interés de las administraciones públicas hacia este tipo de iniciativas no encubre una estrategia más o menos consciente de cooptación y neutralización.
Pero bueno, mientras ese tipo de movidas llega o no llega, nos alegramos por el éxito conseguido por la gente que participa del proyecto y nos hacemos eco de su invitación abierta a cualquiera que desee colaborar de algún modo en Esta es una plaza.
Sí, de nuevo nos vamos -mañana mismo- a Granada para participar en otra movida de Transductores. Se trata del seminario internacional Negociaciones culturales. Articulaciones de las pedagogías colectivas y las políticas espaciales, del 2 al 4 de diciembre de 2009 en el Centro José Guerrero. Según la organización “Este seminario presentará una serie de colectivos y proyectos culturales, educativos y sociales que combinan el trabajo pedagógico y la intervención en el espacio público, desbordando los límites tradicionales de la educación“. El seminario “se organiza en tres sesiones públicas de presentaciones y debates y en un taller interno, estructurado todo ello en tres áreas temáticas o bloques de trabajo, que funcionan como líneas de tensión o aproximaciones con las que enfocar y discutir las prácticas de los grupos participantes”. Nosotr+s estaremos en el taller interno -ahí currando, nada de soltar el rollo cómodamente desde el escenario- junto a gente, proyectos y colectivos como Montserrat Cortadellas, alg-a, Amasté, Edupar, Donestech, Espacio Tangente, Espai en Blanc, Laboratorio Urbano, Las lindes, Ludotek, Neokinok, Sinapsis, la ULEX, la Universidad Nómada o l+s ZEMOS98; aunque el trabajo se hará en diálogo con los ponentes de las tardes: Fernando García-Dory, Loraine Leeson, Ala Plástica, AREA, atelier d’architecture autogérée, Artibarri, The Center for Urban Pedagogy, Learning Site y Sitesize .
El seminario comienza justo un día después de que se inaugure en las salas del propio Centro José Guerrero la exposición Pedagogías colectivas y políticas espaciales, en la que podrá verse documentación sobre proyectos e iniciativas de algunos de los ponentes como Loraine Leeson, Learning Site, AREA, Ala Plástica, atelier d’architecture autogérée y The Center for Urban Pedagogy y de otros colectivos como REPOhistory, Temporary Services, Oda Projesi, PLATFORM, Wochenklausur y Aulabierta.
En definitiva, se presentan tres días de lo más entretenido e interesante, aunque para ser exactos ni la exposición ni el seminario internacional representan el “final” del proyecto, más bien un punto de inflexión puesto que, en realidad, se continuará con una intensa actividad pedagógica alrededor de la exposición y el archivo móvil y a través de los “multiplicadores” que se han puesto en marcha durante la primera fase del proyecto pedagógico de Transductores, del que ya hablamos justo en el post anterior.
Este fin de semana tendrá lugar en Calaf un seminario cuyo objetivo es analizar “la capacidad de transformación urbanística y social en las pequeñas y medianas ciudades a partir de la participación, la creatividad social, y las prácticas artísticas“. Para ello se pondrán en relación “artistas, expertos en procesos de transformación en pequeñas y medianas ciudades y proyectos activos en entornos locales“. iD Barrio|Calaf. Creatividad social, acción colectiva y prácticas artísticas, que así han titulado el seminario, quiere plantear un debate sobre la capacidad del arte para “ser un factor de innovación en los procesos de transformación de la ciudad” y saber “si es capaz de hacer emerger la creatividad social latente y desplegarla a través de acciones colectivas“.
La convocatoria Idensitat desarrolla en Calaf, desde hace diez años, proyectos que quieren poner en relación el territorio en su dimensión física y social con el arte. Se da la circunstancia de que la población ha recibido una de las ayudas de la Llei de Barris, con lo que parece un momento oportuno para tratar algunas de las cuestiones que se plantean desde la organización del seminario entorno a lo que han denominado “Realidades y ficciones sobre la participación“: “¿Están las pequeñas y medianas ciudades preparadas para incorporar la participación en distintos ámbitos de decisión? ¿Como se relaciona el arte en los procesos de transformación urbana y social? ¿Qué papel y función tienen los procesos de participación? ¿Como se puede activar la creatividad social en un entorno determinado? ¿Como se pueden desplegar procesos creativos que a medio y largo plazo incidan en un entorno local? ¿Como se puede formar parte de ámbitos de acción colectiva a través de procesos creativos? ¿La transformación de la ciudad, está abierta a proyectos? ¿Qué relación hay entre políticas culturales y planificación territorial? ¿Pueden los contextos locales formar parte del discurso cultural global?“.
Son preguntas que, de un modo u otro, nos hacemos nosotros mismos, pues en la práctica nos vemos envueltos en problemáticas del todo iguales. Como nos va a ser del todo imposible asistir al seminario, esperamos que la gente de Idensitat se lo curre con la difusión de lo que allí suceda, y así poder participar, aunque sea retroactivamente, del debate.



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